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El Códice Lichen

  • 5 nov 2025
  • 1 Min. de lectura

Valle Gris, 2118


El día en que el códice me eligió...

Durante la restauración de ruinas biográficas en la antigua Biblioteca de Valle Gris, al levantar una piedra húmeda, vi un manuscrito cubierto de líquenes rosados, costras verdes y filamentos blanquecinos que parecían respirar. Su superficie era de fibras vegetales trenzadas con ADN preservado. Lo llamé Códice Lichen. 


Al tocarlo sentí que lo despertaba, era un organismo que seguía intentando escribirse a sí mismo, no con tinta, sino codificados en células. Un alfabeto latente. Un idioma que solo revivía si alguien lo observaba con el cuidado, entonces recordé entonces aquellos experimentos antiguos, los tapices de raíces de Diana Scherer, los bioalfabetos del MIT, y supe que no era delirio: hay letras que nacen, no se escriben.


Esa misma noche tome fotografías detalladas, animé los fragmentos, escaneé las páginas con luz ultravioleta y subí el video, junto con archivos de sonido del crujir de las hojas vivas del manuscrito. Desde entonces repito esta frase:

“No fui autora ni testigo: solo el pulso donde la memoria decidió germinar.”





 
 
 

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